Cuando la mente va más rápido del corazón. No puedo creer que, por una vez en la vida, puedo definir lo que me pasa. Y es un gran paso. Por lo general no entiendo lo que siento, no me entiendo, no comprendo, busco razones irrazonables que me engañan mis sentidos y me quedo con eso. Pero, por una vez, una solita vez, ya sé lo que es.
Sí, mi mente siempre va más rápido que mi corazón. Me preocupa mucho más comprender que sentir, quiero saber, indagar, comprender, y no me dejo ir a galopar por las cordillera de mis sentimientos. Me quedo sentada en el lugar más algo, y más frío de aquella altísima montaña, acompañada de toda esa nieve que me aleja del calor (¿por algo será mi apellido?). Pero resulta que, no me gusta tampoco el frío, me gusta invadirme de emociones, me encanta sentir el calor en mi cuerpo cuando siento ese <<algo>>. Y lo digo así, porque me confundí tantas veces una cosa con la otra que ya no sé que es, realmente. No sabe distinguir el amor de cualquier sentimiento, dijo una vez Andrés, y me describió a la perfección. Soy una Media Verónica más, ya cansada, ya triste, ya derrumbada.
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