22 de marzo de 2017

Embriagada de amor

Hay días que no suceden cosas. Simplemente pasan. Sale el sol y vuelve a esconderse, dándole paso a la luna, y la luna se oculta en los cerros, para que sol vuelva a despertar la ciudad con su mirada luminosa. Los autos pasan por las calles, los árboles mueren de sed, el aire se invade de humo. Todo normal, cotidiano, rutinario.
Pero hay días que suceden cosas inesperadas (o, no tanto). Que te dejan petrificada, sin saber por qué, ni cómo. Cosas que suceden, que te llena el alma de alegría y querés que ese momento dure eternamente, Pero como no es así y el día vuelve a su rutina, uno, para escaparse de la cotidianidad, comienza a recordar. Y recuerda ese abrazo nervioso, fuerte y largo, ese chocolate regalado, esas risas compartidas, más abrazos, nervios, risas. Esas peleitas sin sentido hechas discusiones sumamente importantes, como para abrir un debate masivo. Sus manos jugando con las mías, el frío del día, el pucho prendido por los propios nervios. Esa caminata corta pero larga. Sus abrazos repentinos, su mirada dulce como un café con muchas cucharadas de azúcar, su sonrisa que me contagia. Algún comentario que me hizo agachar la cabeza por miedo a morir de la vergüenza, toda esa ternura que me brindaste. Ese ataque de cosquillas como arma vengadora. Ese plan siniestro para comenzar. Más abrazos, caminar abrazados. Bailar, un poquito jugando, un poquito coqueteando. Tus ojos fijos en los míos, mi flequillo tapando mi vista. "Momento incómodo. Estoy nerviosa". "No estés nerviosa sino pienso que te incomodo". "Dejame ser", "Bueno, está bien, te dejo ser". "Basta". Me miraste, me reí, nervios ¿Encaro yo o espero? Mejor no me muevo, mirá si la cago. Ese beso. Tanto te tardaste che, justo cuando te tenés que ir ¡Mierda! Bueno otro, y otro más. "Tengo que buscar mis cosas". Tu corazón latía muy fuerte, un poco que temblabas, no era yo la única nerviosa. Otro beso. Tranquilo, caricia, más besos. "No te vayas". "Pero tengo que cursar"¿Por qué? "Bueno", Más besos. Te fuiste, me quedé. Me tiro en el sillón extasiada de amor, anestesiada, feliz. Pensaba mucho, en ese instante seguía pensando. Tocan la puerta. Hola rutina.

Junio 2016

21 de febrero de 2017

Excuse mua

Días en los que, simplemente, deseo llorar. A raudales, si es posible. Estoy muy acostumbrada en hacerlo en silencio, por las noches, mientras el mundo duerme, a excepción de algún animalito nocturno, un artista insomne o alguien con el mismo delirio que el mío.  Creo que aquellos somos los que vivimos junto a nuestra familia, en casas pequeñas, de habitaciones contiguas o con nuestros hermanos en la misma habitación. Y dejábamos correr lágrimas en silencio para no aumentar las molestias hacia los demás, ni generar algún tipo de malestar a aquellos sensibles del agua salada que corre por las mejillas.
Siempre que ocurre este suceso me pregunto, inevitablemente, por qué. Y hay motivos, quizá. Grandes motivos que nos conmueven de tristeza. Y cuando no, es buscar una excusa, de toda la mierda que nos rodea, y mirar hacia ahí. Llorarla, como si no hubiera mañana. Limpiar con aquellas gotas todo el sentido de sí. Limpiar el cuerpo, la mente. Limpiar, sacar, atormentar y secar todo. Para que la humedad no mate hay que llegar a secar. Y seguir. Porque como hay excusas para llorar, también las hay para reír.

16 de febrero de 2017

Te declaro la guerra

Pensar y sentir. Eterno duelo entre la mente y el corazón (que también es mente pero se siente en el pecho). Ambos, en desequilibrio constante suelo tomarme del primero, pero en eso que voy analizando, dejo a su vez de hacerlo, porque aparecés y ya no soy tan coherente, invadís mi mente, y yo acá preguntándome qué pasa e intentando desactivar mis neuronas y cuando deciso naufragar en ese plano sin sentido, aparecés, de nuevo, y hacés que vuelva a funcionar, con tu forma de ver el mundo, tus ojos dementes que ven otros puntos de vista y entre explicaciones y metáforas dan vuelta mi pequeño planeta, patas arriba, desbaratándolo, me dejás sin argumentos, doy la diestra, sabiendo perder una batalla que tenía perdida desde el principio.  No puedo contra tus tropas, solo tengo dinamita marca ACME y una cajita de chasquibunes (o como se escriba). Vas ganando la batalla, con planes y estrategias, el campo está minado, estoy acorralada y me rindo por un momento ante tu dulzura, tu conocimiento, tu locuacidad, tu forma de jugar, todo surge como si fuera magia, todo pasa, sin pedir permiso, toma el picaporte, lo baja y pasa a mi mundo, se mezclan los aromas, los sonidos, los colores, formando otro planeta, donde la guerra no sangra, sino que derrama risas, como niños con escudos de cartón y espadas de palitos. Lo divertido de la guerra es dejarse morir, para poder revivir y seguir.

13 de febrero de 2017

20 abril 2015

Mirar hacia adelante.
Mirar, observar.
Dejando al tiempo.
Dejando que sane.
Que (me) sane.
Una cura que no llega.
Una cura que espero con ansias.
Ansias, ansiedad, mi condena.
Me condena el esperar.
Espero, paciencia.
Paciencia que no tengo.
Tengo que sonreír. 
Quiero sonreír y me niego.
Me niego al cambio.
Cambio necesario, cambio inevitable.
Inevitable como la vida.
La vida que pasa.
Pasa y yo me quedo.
Pero no me quedo más. 
Nomás, no más. 

10 de febrero de 2017

Busco vampiro.

¡Qué ganas de un beso en el cuello! De esos que te succionan hasta el alma. De esos que te da cosquillas hasta en los pies. De los que te hacen sentir escalofríos por la espalda. De esos que te ponen la piel como gallina. De esos que dejan marcas sin importar quien las vea. De esos que clavan colmillos como buenos hijos de Drácula. De esos que insitan otro tipo de encuentros. De esos que te dejan los labios morados. De esos que sangran a colores vibrantes. De esos donde la sal del agua quema. De esos que ni los más caros maquillajes pueden tapar, ni gotas para los ojos, ni una cuchara (ah, esa no la sabías). De esos que te dan ganas de desgarrar la ropa y seguir ese instinto de animal salvaje.

8 de febrero de 2017

¿Y si...?

Puñales en el corazón. Sangre corroída en el interior. Lentes empañados por la humedad del ambiente. Ojos acuosos con agua salada ¿Y si el mar está hecho de lágrimas? ¿Y si el sol cada mañana intenta secar este gran rostro? ¿Y si sólo somos hormigas que dañan aquella cara multicolor? ¿Y si...?
Ya no habrán respuestas ante esos enigmas. Terminan los debates, charlas, insinuaciones.
Apagar corazón. Encender cerebro.

7 de febrero de 2017

Media Verónica

Cuando la mente va más rápido del corazón. No puedo creer que, por una vez en la vida, puedo definir lo que me pasa. Y es un gran paso. Por lo general no entiendo lo que siento, no me entiendo, no comprendo, busco razones irrazonables que me engañan mis sentidos y me quedo con eso. Pero, por una vez, una solita vez, ya sé lo que es.
Sí, mi mente siempre va más rápido que mi corazón. Me preocupa mucho más comprender que sentir, quiero saber, indagar, comprender, y no me dejo ir a galopar por las cordillera de mis sentimientos. Me quedo sentada en el lugar más algo, y más frío de aquella altísima montaña, acompañada de toda esa nieve que me aleja del calor (¿por algo será mi apellido?). Pero resulta que, no me gusta tampoco el frío, me gusta invadirme de emociones, me encanta sentir el calor en mi cuerpo cuando siento ese <<algo>>. Y lo digo así, porque me confundí tantas veces una cosa con la otra que ya no sé que es, realmente. No sabe distinguir el amor de cualquier sentimiento, dijo una vez Andrés, y me describió a la perfección. Soy una Media Verónica más, ya cansada, ya triste, ya derrumbada. 

¡DEJATE DE JODER!

Está bien, me dejo de hacer la boluda.
Pretendo que nada me importe (y sobre todo, nadie).
Pretendo vivir banalmente, despertar, trabajar, ejercitar, ver televisión, escuchar música, comer, dormir.
Pretendo quitarme los sentimientos, las emociones, las pasiones.
Pero, ¿quién soy sin mis pasiones?
No me encuentro, y mucho menos a ellas.
Y me negué tanto a escribir, a volver a las letras, a poder descargarme.
Pero, ¿por qué?
Simple. Creo que puedo con todo. Con mis monstruos, con mis miedos, con todo eso y más, porque hasta de los problemas de los demás me hago cargo si me dejan.
¡DEJATE DE JODER!
Arreglate un poquito, e intentá vivir. Pero viví en serio.
Me escribo para mí misma, sabiendo que nadie lo va a leer. Pero me siento bien corriendo el riesgo de que quizá sí, y lo subo a un blog por si por ahí, encuentro a alguien como yo, que la mente le funciona más rápido que el corazón.