16 de febrero de 2017

Te declaro la guerra

Pensar y sentir. Eterno duelo entre la mente y el corazón (que también es mente pero se siente en el pecho). Ambos, en desequilibrio constante suelo tomarme del primero, pero en eso que voy analizando, dejo a su vez de hacerlo, porque aparecés y ya no soy tan coherente, invadís mi mente, y yo acá preguntándome qué pasa e intentando desactivar mis neuronas y cuando deciso naufragar en ese plano sin sentido, aparecés, de nuevo, y hacés que vuelva a funcionar, con tu forma de ver el mundo, tus ojos dementes que ven otros puntos de vista y entre explicaciones y metáforas dan vuelta mi pequeño planeta, patas arriba, desbaratándolo, me dejás sin argumentos, doy la diestra, sabiendo perder una batalla que tenía perdida desde el principio.  No puedo contra tus tropas, solo tengo dinamita marca ACME y una cajita de chasquibunes (o como se escriba). Vas ganando la batalla, con planes y estrategias, el campo está minado, estoy acorralada y me rindo por un momento ante tu dulzura, tu conocimiento, tu locuacidad, tu forma de jugar, todo surge como si fuera magia, todo pasa, sin pedir permiso, toma el picaporte, lo baja y pasa a mi mundo, se mezclan los aromas, los sonidos, los colores, formando otro planeta, donde la guerra no sangra, sino que derrama risas, como niños con escudos de cartón y espadas de palitos. Lo divertido de la guerra es dejarse morir, para poder revivir y seguir.

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